Diversas son las escuelas que se encuentran en contextos rurales de nuestro país, y la mayoría de ellas comparten los grandes desafíos que implica conectar a estudiantes, contenerlos emocionalmente e impulsar aprendizajes en un ambiente donde muchas veces la conexión a internet no existe.

Cerca de un 34% de los profesores de escuelas rurales en Chile no han podido realizar sus clases desde que se inició la pandemia el 2020, ya sea de forma presencial u online. Así lo señala la “Encuesta Educación Rural en Chile hoy: Desafíos y Oportunidades que nos plantea la Pandemia por COVID-19”, elaborada por Fundación 99, con apoyo del Ministerio de Agricultura, Ministerio de Educación y la Agrupación de Profesores y Profesoras Rurales de Chile. Este escenario es aún peor cuando los docentes que participaron de esta encuesta afirmaron que solo el 4,5% poseía tener conexión estable en sus establecimientos educativos, lo que les permitía descargar recursos y navegar por internet de forma adecuada.

Esta es la realidad de cientos de equipos y familias que hoy son parte de la comunidad de escuelas rurales en el país. Contexto que no es ajeno a nuestro Programa Alfadeca que este se aplica en varios colegios de este tipo, como es el caso de la escuela Pullally ubicada en la comuna de Papudo y la escuela rural multigrado Quelhue, en la comuna de Pucón.

Dentro de los principales desafíos de las escuelas rurales está poder lograr una mejor conexión con sus alumnos

Ambas escuelas se encuentran muy alejadas, pero comparten similitudes. Desde la baja conexión en sus establecimientos y en las casas de sus estudiantes como también en la diversidad de familias con un bajo índice de escolaridad. Sin embargo, ambas sostienen que una de sus características es ser escuelas integrales y con un gran interés en lograr aprendizajes significativos y efectivos en niños y niñas de 1º y 2º básico.

“La pandemia a los niños los afectó emocional y pedagógicamente, por lo que la contención emocional de los estudiantes se transformó en un tema prioritario para nuestra escuela” mencionó Josefa Allendes Encinas, UTP de la Escuela Pullally, quienes debieron trasladar las clases a WhatsApp y videollamadas para acercarse a sus alumnos. Estos fueron los primeros pasos que realizaron para luego pasar a clases virtuales, que solo fueron capaces de hacer gracias a la donación de chips, ya que los estudiantes no tenían una conexión estable en sus hogares.

Profesora de 1º básico de la Escuela Pullally realizando clases virtuales desde la Escuela

Esta realidad se constata en el estudio de Fundación 99, donde queda de manifiesto que el 93% de los profesores se comunicaba con los estudiantes a través de WhatsApp o por medio de llamada telefónica (73%), escenario bien conocido por el equipo de la Escuela Quelhue “para nosotros las clases han sido principalmente por medio de llamadas, lo que se ha transformado en un beneficio, porque por día tenemos una hora de trabajo por teléfono con cada uno de los 34 estudiantes de la escuela y eso ha permitido afianzar la confianza y el vínculo, pero a la vez nos ha traído un alto grado de compromiso y cansancio a nivel de equipo”, destacó Camila Paredes, Educadora Diferencial de la escuela.

Y es que mantener el vínculo en las escuelas rurales con pandemia ha sido un gran desafío. En este sentido cabe destacar que los equipos de ambas escuelas tuvieron que gestionar apoyo municipal para llevar tanto las canastas de alimentos como materiales a las casas de sus estudiantes y de manera personal los miembros de las escuelas se consiguieron teléfonos con amigos y familiares para poder conectar a sus estudiantes, ya que muchos no tenían un aparato que les permitirá conectarse por video o llamada.

¿Cómo enseñar a leer y escribir en un contexto rural?

Para ambos equipos educativos la importancia de lograr aprendizajes en 1º y 2º básico es clave, en especial las habilidades de la lectura y escritura. Desde el 2020 son parte del Programa Alfadeca, metodología de trabajo que les ha permitido tener resultados en casi dos años de no presencialidad en las aulas.

“Lo que ayudó mucho el programa fue volver a generar un vínculo con los niños, a reconectarlos con la escuela y a las actividades pedagógicas”, mencionó la UTP de la Escuela Pullally, sobre el apoyo que significó Alfadeca para su establecimiento. “Como equipo nos facilitó mucho el trabajo con las mentorías semanales donde se iban organizando los objetivos de la clase y se coordinaba para que cada miembro de nuestro equipo tuviera un rol importante en el proceso de enseñanza y aprendizaje”, agregó Josefa destacando el activo rol que la asistente de aula cumple con el proceso educativo de los niños y niñas.

Carolina Cifuentes y Camila Paredes, miembros del equipo de la Escuela Quelhue

Y es que una de las estrategias que Alfadeca reforzó en los equipos de las escuelas, y en particular de escuelas rurales, fue de empoderarlos y entregarles herramientas que los ayudarán a reconectarse con sus estudiantes pese a las dificultades de conexión. Para ello durante el 2020 se gestionaron entrega de chips de conexión y este 2021 se focalizó el trabajo en profundizar estrategias de enseñanza efectivas que permitieran a los equipos avanzar en la enseñanza de la lectura y escritura con sus alumnos.

“Con Alfadeca logramos avances significativos, el programa ha sido una gran ayuda para nosotros”, comentó Carolina Cifuentes profesora de 1º a 3º básico de la escuela multigrado Quelhue respecto a la gran recepción que tiene en los alumnos el Programa y el avance que han tenido en el primer semestre de clases online. “A los apoderados de la escuela les ha servido tener un programa estructurado, porque entienden qué cosa viene y eso lo agradecen”, agregó Paulina Muñoz, fonoaudióloga del programa de integración de la misma escuela Quelhue.

Una de las características que los equipos agradecen es lo estructurado del programa y lo flexible que es en su implementación. Si bien suena contradictorio no lo es, Alfadeca propone una clara planificación semanal de actividades para los niños y niñas pero que en su implementación permite que sea flexible, complementaria a lo que el profesor está acostumbrado a hacer y se ajusta a la velocidad y tipo de ejercicio que necesita cada estudiante para lograr el aprendizaje. Esta característica ha permitido apoyar no solo la planificación de los equipos- acción que les deja más tiempo para invertir en los llamados y conexión diaria con sus estudiantes- sino que también permite que los apoderados puedan seguir cada paso de aprendizaje junto a los alumnos, ya que en cada nivel los ejercicios del programa posibilita seguir progresivamente el avance de los aprendizajes.

En la actualidad ambos equipos mencionaron continuar con clases online y que en la medida que las condiciones sanitarias lo permitan, podrán integrar clases presenciales y en grupos pequeños para seguir con los aprendizajes. Por ahora uno de los aspectos más destacados que el Programa Alfadeca les entrega es un proceso de acompañamiento semanal con mentorías, capacitaciones mensuales, material pedagógico por medio de diversas plataformas que actualmente la Fundación Sara Raier de Rassmuss posee en su sitio web y redes sociales.