Entrevistamos a la profesora Daniela Hernández, docente de 1º básico de la Escuela La Esperanza, sobre su experiencia con el Programa Alfadeca.

Integrar un nuevo programa a la práctica pedagógica no es fácil, menos si al iniciar este proceso, llega una pandemia que invita a todos a ajustar el modelo de trabajo a un formato virtual y desde casa. Sin embargo, el equipo de la escuela La Esperanza de la comuna de Padre Hurtado lo logró utilizando hoy al Programa Alfadeca como una matriz para su labor diaria en aula.

Daniela Hernández va a cumplir 10 años siendo docente. Un dato no menor, es que su carrera profesional ha sido siempre en la escuela rural La Esperanza, comunidad educativa a la que se integró recién egresada y que tras unos años, la invitó a ser miembro del equipo especialista en lectoescritura, que tendría como foco trabajar solo con los estudiantes de 1º y 2º básico.

Daniela, ¿qué te parece que una escuela considere tener un equipo especialista en lectoescritura en 1º y 2º básico?

Daniela junto a su equipo de aula compuesto por la asistente, psicopedagoga, profesional pie, fonoaudiólogo (falta en la foto) y Mentora Alfadeca.

Me parece una muy buena estrategia y decisión del director. Han sido súper buenos los resultados que hemos tenido con el equipo. Trabajamos la profesora Marta y yo. La metodología de nuestro colegio es tener dos profesoras especialistas en lectoescritura. Contamos con la asistente de aula que también se ha especializado en lectoescritura, además la educadora diferencial que hace la articulación desde kínder y el fonoaudiólogo.

¿ Cuéntame cómo fue el proceso de integrar Alfadeca a su aula?

Nosotros teníamos un modelo ecléctico de trabajo, en donde vamos mezclando técnicas de muchas metodologías. Estuvimos dos años probando qué era lo mejor para nuestros estudiantes. El modelo ecléctico nos permite ir trabajando con todo aquello que va dando resultado, lo cual es muy importante cuando se aplica en un mundo de 35 niños y niñas, y donde todos son muy distintos. Cuando nos presentaron Alfadeca a nosotros, no estábamos muy convencidos, pero nos pidieron que lo implementáramos en la escuela, ya que se haría a nivel comunal.

¿Qué fue lo que les llamó la atención?

Cuando fuimos en marzo a la primera capacitación, nos dimos cuenta que muchas cosas del programa las hacíamos en sala. Por otra parte, nos comentaron que es una metodología de apoyo en donde también nuestro conocimiento y trabajo es clave para incorporar. Tras la pandemia, el Programa Alfadeca nos ayudó a darnos una guía y por sobre todo el libro de trabajo que es la ruta nos facilitó mucho, ya que todo estaba ahí.

¿Cómo hicieron para articular el Programa Alfadeca a su trabajo en sala? Considerando que tras la primera capacitación, dos semanas después comenzó el confinamiento

El vinculo con sus estudiantes ha sido clave para lograr resultados de aprendizaje

Yo soy muy estructurada (risas), pero mi equipo me comprende y cuando partió esto, hicimos un trabajo en grupo muy cohesionado. Nos dividimos los niños para ir avanzando, todos los estudiantes estaban agrupados por nivel de aprendizaje, entonces cada una se iba enfocando en reforzar esos niños de acuerdo con su nivel de avance y así fue mucho más fácil, porque íbamos en bloque avanzando al siguiente paso. Siempre apoyándolos con llamadas y videos, para acompañar su proceso de aprendizaje

¿Qué ha sido lo más desafiante y positivo de trabajar a distancia con el Programa Alfadeca?

Lo más positivo es reafirmar la importancia del trabajo en equipo y de la escuela. Para lograr avances, nos reunimos todos los lunes para analizar el progreso de los estudiantes. La tía Carla del Programa Alfadeca, nos va entregando lineamientos para poder lograr mejores resultados. Para mí,  no importa que un niño esté más atrás, si hoy sabía una letra y mañana dos eso ya es un logro y hay que celebrarlo y estar felices por el avance. Lo difícil de esta pandemia es también sumar a las familias para que entiendan ese proceso y a nuestros niños.

¿Cómo lo han hecho?

Por ejemplo, con los niños y niñas lo que hacemos es dar incentivos. Enviamos videos, un juguete o una manualidad. ¡Ya no tenemos qué más hacer de Pinterest! (risas). Enviamos títeres de los cuentos de Alfadeca y luego ellos nos relatan los cuentos con éstos. Les hicimos 35 cuadernos especiales para crear cuentos. Esa cercanía con los niños, tratamos de no perderla en esta pandemia, eso ha sido lo más difícil, pero lo hemos logrado. Los papás nos dicen “tía, cuando llega la caja Junaeb mi hijo quiere puro abrirla para ver qué le mandó”, entonces eso nos motiva, porque al final te das cuenta que con pequeños gestos, los niños siguen conectados con uno y con el aprendizaje, que es lo más importante.

Yo siento que el colegio La Esperanza invierte muy bien los recursos, en eso no hay nada qué decir. Ha comprado libros para leer y colorear a los estudiantes. A nosotros nos permite utilizar los recursos de la escuela para hacer llegar los contenidos a los estudiantes. Ya estamos en noviembre, miramos para atrás y hemos realizado mucho, pero ha valido la pena cada esfuerzo al ver los avances de mis niños.